Crecí en un pueblo de andalucía, allá por los años cincuenta, y aunque después la vida de ha llevado lejos de esos lugares, visitando Monterrey tuve la experiencia de volver a revivir muchas de las cosas que te marcan en la infancia. Los caminos poco... [
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Crecí en un pueblo de andalucía, allá por los años cincuenta, y aunque después la vida de ha llevado lejos de esos lugares, visitando Monterrey tuve la experiencia de volver a revivir muchas de las cosas que te marcan en la infancia. Los caminos poco transitados, la hospitalidad de la gente (Ana, Pepe y Alonso han sido insuperables), los animales pastando a sus anchas, los olores, los sabores, las estrellas, el tiempo... En el campo recuerdo que el tiempo se vivía de otra manera. Todo giraba en torno a los momentos importantes del día, las labores del campo, las comidas, las reuniones con la familia, amigos... Tampoco hay que olvidar que los años han pasado y las comodidades han llegado en su mayor parte al campo, sin embargo, ahí están Ana y Pepe, al quite, para presentarse de inmediato con el hielo, un medicina que se ha olvidado, más leña de encina y su sonrisa, siempre su sonrisa. GRACIAS. [
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